Month: December 2016

Tradiciones que pueden reinventarse

Las tradiciones son un elemento muy importante de nuestras vidas, pues ellas nos arraigan al lugar que pertenecemos, nos vinculan con la comunidad y nos dan bases sólidas para definir nuestra identidad.

Siempre he considerado que si una tradición, sea cual sea, es relevante y significativa en la vida de alguien, esa persona debe hacer lo posible por conservarla, aunque ello implique reinventarla un poco, para que pueda sortear los cambios que traen consigo las distintas épocas.

Para mí, la celebración de la Navidad es una de esas tradiciones que trato de conservar y compartir con mi familia. Lo anterior no sólo por cuestiones religiosas, sino porque desde que tengo memoria, la Navidad y el fin de año han sido ocasiones especiales para reunir a todos los seres queridos; sin importar lo lejos que estemos o los posibles conflictos que hayan surgido durante el año, siempre hay ocasión para compartir una comida, una cena o al menos una llamada en Navidad y Año Nuevo.

Yo crecí con esa idea y he tratado de transmitírsela a mis hijos, procurando que la asimilen con gusto y no la sientan como una imposición. Para lograr esto último, lo que mi esposo y yo decidimos hacer es alternar años de navidades “tradicionales”, es decir, celebradas en casa, con la mayoría de los familiares, con otras menos convencionales, en las que optamos por viajar o hacer algo distinto.

Este año, por ejemplo, decidimos hacer reservaciones en un hotel de Cancún centro, para recibir el año en la Riviera Maya. Elegimos el destino porque ya nos hacía falta un poco de playa, pero también porque desde hace varios meses, nuestros hijos nos manifestaron la ilusión de conocer Xcaret. Incluso han llegado a comentar que renunciarían a sus regalos de cumpleaños, Navidad y Reyes, con tal de visitar el parque acuático y conocer a toda la asombrosa fauna que ahí habita, así como disfrutar de la natación, que les encanta.

Mi esposo y yo decidimos tomarles la palabra y regalarles el viaje de Navidad (aunque, por supuesto, Santa Claus y los Reyes no dejarán de pasarse por casa, pues los pequeños realmente se han portado bien este año). Ahora bien, ¿cómo hacemos para que tradiciones como el arbolito, la cena del 24 o el intercambio de regalos en la familia no se pierdan en estas navidades fuera de lo convencional? Bueno, todo es cuestión de ajustarse.

Family in santa hats having fun on beach vacation, new year and christmas holiday concept

Para el viaje de este año, nuestra salida será el 25 de diciembre. ¿Viajar justo el día de Navidad? Sí, es posible y además económico, pues la mayor demanda de vuelos se da para el día 24; es cierto que el 25 hay menos vuelos y trayectos, pero si se reserva con tiempo, es más fácil encontrar opciones y asegurar un lugar.

Salir en esta fecha también nos permitirá organizar un almuerzo el día 24, con varios de nuestros familiares. Así podremos hacer el intercambio, que este año decidimos hacer de manualidades confeccionadas por nosotros mismos. La idea surgió entre los niños, quienes en sus respectivas escuelas han aprendido mucho de manualidades y reciclaje y no han dudado en ponerlo en práctica para los regalos navideños.

El 25 de diciembre planeamos sorprender a los familiares y amigos a quienes no podamos ver con una video-llamada. Y para cerrar la temporada, tendremos otra reunión el 6 de enero, para compartir la rosca de Reyes y también nuestros recuerdos del viaje.

De esta forma esperamos tener un fin de año diferente. ¿Y tú, cómo pasarás las fiestas?

¿Es buena idea ofrecer una barra de helados en una fiesta durante el invierno?

Mi niño está por cumplir años y me ha pedido que en su fiesta pongamos una barra de helados, para que sus amiguitos puedan disfrutarlos.

No dudaría para nada en contratar dicha barra de helados, el dilema que tengo es si sería prudente poner algo frío, cuando su fiesta es justamente en invierno.

Como madres, buscamos que nuestros hijos se mantengan sanos y ante la mínima señal nos ponemos un tanto tensas. El resfriado es un tema común en estos días, además de que es más común que se nos antoje algo calientito que algo frío.

Aunque para ser sincera, por mucho frío que haga, un helado no es rechazado, más si viene acompañado de toppings de chocolate.

Sapori-di-gelatoY entonces, ¿podemos pensar en comer un helado en invierno? La respuesta es que… ¡Sí se puede! Y, no solo eso, resulta que ofrece beneficios… Lo que sucede es que en la práctica no tendemos a consumirlos, pero esto no significa que sea negativo el saborearlos.

Veamos entonces por qué un helado se considera positivo el consumirlo en invierno.

Por ejemplo, en una fiesta infantil, los niños se mantienen activos jugando y corriendo por todo el lugar, se encuentran por lo tanto en constante actividad física y lo mismo sucede para los deportistas, quienes después de su entrenamiento han quemado calorías.

¿Y esto qué tiene que ver? Bueno, pues que el helado es una opción que proporciona glucógeno. Es decir, que es la glucosa que se guarda para dar energía.

Además, cuando se trata de un buen helado, con ingredientes naturales o de yogur, ofrece también proteínas, que ayudan a reponer en los músculos los hidratos de carbono y la glucosa que se han perdido.

¿Y qué pasa cuando se tiene catarro o una garganta irritada?

En este punto creo que hemos alimentado una mala fama en contra de lo frío; a menos que sea una bronquitis, un helado ayuda a bajar la inflamación de una garganta irritada y además te ayuda a cicatrizar si existen heridas.

De seguro habrás escuchado que el helado es altamente recomendado después de una intervención de extracción de amígdalas.

De hecho, encontré que si se acostumbra al cuerpo al frío, el “efecto choque” es menor conforme lo vamos integrando a nuestros gustos en el invierno y tienes menos probabilidades de un resfrío.

Y nuevamente, si estamos ante una barra de helados nutritivos, entonces estamos ante una fuente que contiene fibra, lípidos, aminoácidos, proteína, minerales y vitamina B.

Si son a base de leche o yogur, entonces estamos hablando también de una fuente de calcio, ya que llegan a cubrir hasta un 15 por ciento de los requerimientos de dicho mineral.

Y para redondear este delicioso panorama, podemos decir que ayudan a fortalecer los huesos y regulan la presión arterial.

Por supuesto y como en todo, existen los helados chatarra de los cuales hay que alejarse, no solo en invierno, sino todo el año, ya que solo contienen altas dosis de azúcares y suelen contener más grasa.

Y por último, pero no lo menos importante, ante un delicioso y nutritivo helado, las sonrisas infantiles y de los padres por extensión aparecen en los rostros.

Así es, resulta que un rico helado reduce el estrés y se disparan las hormonas de la felicidad, ya que el comer helado está asociado a un momento de placer.

Para los adultos significa un oasis, ya que las preocupaciones y el estrés quedan momentáneamente a un lado.

Después de este repaso, definitivamente habrá una barra de helados para todos los invitados en la fiesta de mi pequeño.