Month: January 2017

¿A quién afectamos realmente?

Esta mañana, mientras buscaba información acerca de un cliente en internet, mediante la frase “stadium seats for sale” (venta de sillas para estadio), me puse a pensar en un tema que ha generado diversos comentarios y opiniones en estos días; la propuesta de boicotear a compañías estadounidenses como Starbucks, McDonald’s o WalMart, como una forma de protesta por las políticas anti-inmigrantes de Donald Trump.

Antes de profundizar un poco en este polémico tema, les diré que la razón por la que hacía esa búsqueda en inglés es porque si bien la compañía de mi cliente es mexicana, se encuentra en una etapa de expansión hacia mercados internacionales. Algunos de los países que ahora tiene en la mira son Estados Unidos, Canadá, Brasil y Reino Unido. Como notarán, en la mayoría de los casos el inglés es la lengua materna y aunque en el caso de Brasil, el portugués es una lengua muy cercana al español, tanto mi cliente como sus compradores potenciales prefieren que las negociaciones y los trámites oficiales se lleven a cabo en inglés.

Esa situación particular me hizo pensar que pocos negocios prosperarían en la actualidad, si no tuvieran el proyecto de crecer y expandirse más allá de las fronteras. Salvo que realmente se trate de un negocio demasiado localizado, como un servicio de comidas a domicilio que atienda a cierta zona de oficinas, eventualmente y en la medida en que el mercado regional se sature, hay que pensar en llegar a más clientes. Incluso el pequeño negocio que puse como ejemplo podría tener la necesidad de abarcar más zonas y pensaría en estrategias como alquilar una pequeña flota de vehículos para cubrir un área mayor con su servicio a domicilio.

En un mercado en el que trascender el ámbito regional es cada vez más necesario para sobrevivir, los muros y las restricciones realmente salen sobrando y lo que se vuelve imperativo es buscar regulaciones que favorezcan a todas las partes.

Ahora bien, cuando una gran compañía trasciende fronteras y comienza a desarrollarse satisfactoriamente en otros países, muchas veces tiene la necesidad de asociarse o fusionarse con compañías locales, para tener una mayor presencia o integrarse más fácilmente en el nuevo mercado. Cuando algo así sucede, ya no hablamos de una empresa extranjera con presencia en otro país, sino de una empresa en la que ambas naciones tienen un grado de participación.

Es aquí donde, en mi opinión, es pertinente la pregunta de a quién afectamos realmente. La situación no sólo implica que la compañía multinacional o trasnacional tenga participación de empresarios y accionistas del país o que incluso estos sean propietarios de la franquicia nacional; mexicana, en este caso. El mayor problema es que los empleados de esas compañías trasnacionales o multinacionales son ciudadanos de los países en los que las empresas tienen presencia, mismos que de no ser por esas compañías, tal vez no tendrían una forma de subsistir.

empleada

Para citar un caso concreto, hace unos días el presidente de Starbucks México declaró que los ingresos de la franquicia nacional se quedan en el país y que la compañía da empleo a 7,000 mexicanos. Si esto es cierto, un boicot a esta empresa, que pudiera conducir a una eventual quiebra, dejaría sin empleo a 7,000 connacionales, sin representar perjuicio alguno a la empresa estadounidense.

Tal vez la mejor forma de hacer frente a políticas intolerantes y nacionalismos extremos todavía está por definirse. Pagar con la misma moneda no parece una solución óptima.

La profesión más difícil

En sociedades como la nuestra, que gustan darse aires de progreso, pero que en la práctica prefieren el respaldo y la dirección de las ideologías más tradicionales, el que una mujer rechace la maternidad todavía es objeto de críticas, recomendaciones no pedidas o expresiones de conmiseración.

“Nunca te vas a sentir plena”, “¡Te vas a quedar sola!”, “Criar hijos no es fácil, pero es una bendición” o “¿Quién te va a cuidar cuando seas mayor?” son algunos de los comentarios que escucho con más frecuencia cuando digo que no pienso tener hijos. Los de pensamiento más “moderno” han tenido a bien proponer que considere alternativas como la adopción o la fecundación in vitro, asumiendo que si no soy mamá es porque ya “se me fue el tren” o “me quedé para vestir santos”.

no-mama

No obstante, para mí el no ser madre es una decisión semejante a no haber sido cocinera, médico, deportista, militar o cualquier otra de las miles de profesiones que no elegí, por quedarme con la que disfruto y ejerzo. Y la razón por la que no elegí la profesión de mamá es la misma por la que no me decidí por tantas otras; falta de vocación y aptitudes.

Sí, yo creo que la maternidad, y la paternidad, dicho sea de paso, es ante todo una vocación; una actividad que te sientes llamada o llamado a realizar y para la que estás dispuesto a dar tu tiempo, tus esfuerzos y buena parte de tu vida. Si esa inclinación a dar una vida y cuidar de ella no se siente con fuerza, no tiene caso tratar de adoptarla. Creer que una mujer debe ser madre por el simple hecho de que su cuerpo es apto para embarazarse es como pensar que cualquier persona debería ser atleta profesional sólo porque su cuerpo puede moverse, saltar o correr.

Ahora bien, como toda vocación, la maternidad y la paternidad requieren de preparación y entrenamiento para desarrollarse adecuadamente. Para quien ya decidió ser médico, por ejemplo, no basta con tener una inclinación natural para cuidar a las personas o una facilidad increíble para memorizar conceptos y términos; es necesario que la persona reciba la formación universitaria indicada, haga estudios de posgrado, pase por los periodos de residencia y prácticas, y actualice sus conocimientos mediante diplomados médicos en línea, para que su ejercicio profesional realmente logre los objetivos que se propone y ayude a las personas.

Si exigimos tanta formación a un médico, porque de su labor dependen la salud, la integridad y la vida de los pacientes en un momento determinado, cuánto más no habríamos de pedir a una madre o un padre, quienes son responsables de mantener la vida que han hecho surgir y de darle las herramientas que necesita para convertirse en un ser humano autónomo.

Si creen que exagero, consideren lo que se pide a los adultos que quieren adoptar un niño. En países como el nuestro se les exige incluso estar legalmente casados, algo que por sí mismo no es una garantía de ser apto para la paternidad. Se investiga también su situación financiera y laboral, su formación, su comportamiento como vecinos, trabajadores y ciudadanos. En suma, se les somete a una prueba exhaustiva para medir sus capacidades y aptitudes en el cuidado infantil.

Se pensaría que hacer lo mismo con todo el que deseara ser padre o madre, sería un atentado a sus derechos elementales. Pero aunque ninguna autoridad pudiera llevar a cabo tal estudio, nosotros, como adultos responsables, deberíamos auto evaluarnos. Sólo al estar seguros de nuestra disposición y capacidades para proteger, orientar y dejar florecer una vida, deberíamos considerar la posibilidad de ser madres o padres.

Ideas para disfrutar del frío

Desde pequeña me he sentido la “rara” de la familia por varios motivos. Como buenos costeños, mis papás, mis hermanos y mis primos adoran el mar y son excelentes nadadores. A mí me fascina la fuerza y la inmensidad de las olas y me gusta caminar por la playa en las tardes más frescas; pero nadar en el mar, ¡jamás! Apenas si me defiendo en las albercas de mediana profundidad, pero no es que disfrute mucho de tal ejercicio; creo que el agua es una fuerza para contemplar y admirar a distancia y con sumo respeto.

La mayoría de los miembros de mi familia, al igual que nuestros amigos y vecinos, tienen una gran tolerancia al calor y de hecho lo disfrutan, pues a ello están acostumbrados. Yo siempre lo he padecido, así como al sol intenso. La única temporada en la que realmente disfrutaba del clima en nuestro pueblo costero era la de lluvias, por la frescura que éstas traían al ambiente.

Otra de mis rarezas, por tanto, es que adoro el frío. He tenido la oportunidad de pasar inviernos en países donde realmente se siente la intensidad de esta estación, como Canadá o Suiza, y creo que nunca me he sentido más en mi elemento. El frío me resulta vigorizante; durante el día me invita a salir de casa, pasear y estar activa, y por la noche me anima para hacer los quehaceres o a sentarme a leer en compañía de un buen café.

Sin embargo, he de admitir que sentir un frío constante, sobre todo al estar en casa, no es nada agradable. Estar en la sala o la recámara y sentir que se cuela una corriente de aire es algo que puede acabar con el relax, el descanso y el buen humor, por no hablar de la salud. Algo así viví cuando llegué al departamento en el que ahora vivo. Además de que es una construcción de techos altos, que rece la luz solar durante muy pocas horas, a mi llegada sólo tenía los acabados más elementales y contaba con unos cuantos muebles. Todo esto contribuía a que el calor de hogar se escapara por todas las rendijas de las ventanas y puertas.

pisos-de-madera

Poco a poco logré ambientar el espacio, darle un estilo y conservar su calidez. Uno de los proyectos más importantes y que más ayudaron a que el espacio resultara mucho menos frío fue la instalación de pisos de madera. Este material, como todo lo que se extrae de la naturaleza, es verdaderamente noble y además de que engalana cualquier lugar, también lo hace más cálido.

Fue algo costoso, sí, y para que los pisos luzcan tan bellos y relucientes como el primer día, es necesario implementar cuidados y técnicas de mantenimiento especiales. Pero si se tienen los recursos y el tiempo para brindar los cuidados necesarios, es una inversión que bien vale la pena.

Ahora bien, antes de contar con todo lo necesario para colocar mis pisos de madera, implementé otras estrategias más económicas y sencillas para conservar el calor:

  • Cortinas dobles; delgadas, para dejar que entre toda la luz natural posible durante el día, y gruesas, para oscurecer las habitaciones adecuadamente durante la noche (sobre todo la recámara) y crear una barrera contra el frío.
  • Cojines guardapolvo; se colocan para cubrir las rendijas que quedan en las partes bajas de puertas y ventanas.
  • Tapetes; ideales para conservar el calor del piso donde más se necesita, como en recámaras y salas.
  • Muebles que se apoyen en las paredes, como libreros o alacenas; además de que son indispensables para organizar nuestras cosas, crean una especie de segunda pared que ayuda a conservar el calor y además puede amortiguar los ruidos.