Month: March 2017

Viajar y regalar sueños

Desde que tengo uso de razón, actividades como revisar folletos e itinerarios de viaje, preparar una maleta y despertar de madrugada para salir rumbo al aeropuerto o la terminal de autobuses me han llenado de una dicha muy particular.

La razón es que tareas como éstas constituyen los preparativos para un viaje y el hacerlas comienza a transmitirme la emoción por la aventura, pequeña o grande, que estoy a punto de emprender.

A lo largo de mi vida he viajado por muchas razones; vacaciones familiares, estudios, trabajo, interés por conocer lugares nuevos. Los preparativos han variado en algunos casos, pero lo que no cambia es el sentimiento de alegría. Incluso cuando las actividades que llevaré a cabo en el viaje no son las que más me entusiasman, el sólo hecho de subir al avión o al autobús y llegar a un nuevo entorno basta para darme un buen momento.

Los viajes son fuente de aprendizajes, experiencias de vida y todo tipo de emociones. En el transcurso de los mismos conocemos amigos, intercambiamos ideas, descubrimos otras formas de ver el mundo y admiramos manifestaciones de la naturaleza que nos resultan completamente nuevas y sorprendentes. Por estas y otras muchas razones, viajar debería ser una parte fundamental de la vida.

Desafortunadamente, no es así para todos. Las personas que apenas si consiguen satisfacer sus necesidades básicas o que ni siquiera llegan a cubrirlas, difícilmente podrían pensar en los viajes como algo que es fundamental en su existencia y que les permite realizarse. Muchos tal vez lo vean como un sueño de carácter irrealizable o, peor aún, tal vez ni siquiera puedan plantearse la posibilidad.

También están las situaciones extremas, como las que se viven durante una enfermedad grave, un conflicto familiar o una catástrofe natural o social. En estos casos, la idea de viajar por placer queda por completo anulada o fuera del horizonte de posibilidades, pues todo lo que ocupa la mente es la búsqueda de soluciones para el problema.

Dado que viajar es una experiencia que suele considerarse como de asueto o lujo, emprender iniciativas para favorecer a las personas que no pueden vivirla parecería una empresa un poco vana. Sí, desde hace mucho existen concursos y programas que otorgan viajes como premios o “cumplen sueños”, entre los cuales siempre ha estado el de viajar. Pero hasta el día de hoy no me había enterado de un proyecto que considerase a los viajes como algo capaz de mejorar la vida de las personas y por tanto, digno de apoyarse.

Digo hasta el día de hoy, porque mientras consultaba páginas de agencias de viajes para reservar un vuelo de Interjet, descubrí el proyecto de srmandela.com. Esta web es un portal de viajes como muchos de los que conocemos, en los que se pueden buscar y reservar vuelos, hoteles y paquetes. La gran diferencia es que srmandela.com dona el 20% de sus ganancias, para que niños en situación de calle, que han sufrido violencia o desplazamientos, o que padecen enfermedades terminales, puedan hacer un viaje con el que hayan soñado o uno que, precisamente, los anime a soñar.

En México, srmandela.com ha colaborado con Amor Infinito, una organización sin fines de lucro que cumple sueños de niños con enfermedades terminales. La idea es que también se pueda beneficiar a niños rescatados de diversos tipos de conflictos, como violencia doméstica, adicciones o guerras, para que la experiencia de viajar les demuestre que aún quedan muchas cosas por descubrir.

La vida de los objetos

Ayer salí de la oficina más tarde de lo normal, debido a que la presentación de un nuevo proyecto editorial se prolongó más de lo esperado.

Cuando llegué a casa, después de sortear los embotellamientos y el tránsito habituales de un jueves, las calles se encontraban mucho más solas de lo habitual, o así me lo parecieron, debido a mi falta de familiaridad con las vistas nocturnas. Fue por eso que la imagen del objeto abandonado resultó mucho más llamativa ante mis ojos.

Se trataba de un sofá, nada deteriorado, pero a todas luces antiguo. Seguro en su momento fue un objeto muy disputado en una venta de sofás, pues su diseño y color eran muy especiales. Además, el hecho de que aún conservara una buena apariencia y, sobre todo, que mantuviera su funcionalidad, indican que se trata de una pieza durable.

No obstante, ahora yacía ahí, abandonado en una calle solitaria y oscura, junto con otros artículos que la gente desecha, sea porque ya cumplieron con su vida útil o porque simplemente ya no los quieren en sus hogares.

Sin duda la visión de una esquina atiborrada con bolsas de basura y con un sillón, para rematar, da pie a numerosas reflexiones acerca de la educación cívica y la conciencia ambiental de las personas. Sin embargo, admito que esto no fue lo primero en lo que pensé.

Lo que vino a mi mente es la idea en la cual se inspira el título de este post; ¿cómo transcurre la vida de los objetos? Y, especialmente, ¿cómo es esa vida después de que los propietarios dejamos de considerarla “útil”?

Un sofá que probablemente tuvo cabida en una sala amplia (lo asumí debido al tamaño del mueble), quizá en el hogar de una familia que gustaba reunirse y celebrar toda clase de acontecimientos, ahora estaba frente a un futuro incierto.

En el mejor de los casos, quizá será recolectado por alguien que lo necesite o que lo aprecie como un artículo vintage. También podría ocurrir lo que, de hecho, ya sucedió en una calle cercana; que una de tantas personas sin hogar, cuyas vidas, al parecer, también han dejado de ser “útiles” para sus semejantes, lo tome como un espacio cálido y acogedor para dormir. O quizás se convierta en refugio para las varias familias de gatos que ya pueblan los callejones aledaños; seres que ahora se ven obligados a buscar y aprovechar este tipo de objetos abandonados, a causa de haber sido, ellos mismos, víctimas de otros abandonos.

Sí, puede ser extraño sentir una especie de “compasión” por un sofá abandonado a su suerte en una calle oscura. Pero quizá esa mezcla de nostalgia y melancolía que sentí al verlo no fue dirigida hacia el objeto, sino a esos vínculos de anhelo o dependencia que tendemos a establecer con ellos, para luego transformarlos por sentimientos de indiferencia y abandono.

Esta mañana, cuando salí de casa, el sofá aún seguía ahí, mientras las bolsas de basura y otros objetos olvidados, más pequeños, ya habían sido recogidos. Esperaremos a ver cómo le pinta el día.

La ropa ideal para cubrirlos de cariño

Ayer por la tarde, mi hermana y yo fuimos a una tienda de ropa para bebé, para comprar el regalo de un baby shower al que nos invitaron.

Para nosotras, solteras, sin hijos y sin planes concretos de tenerlos, las prendas infantiles son un auténtico misterio, así que al llegar a la tienda elegida pasamos un buen rato contemplando suetercitos, pantalones, vestiditos y zapatos que parecían de muñecos, y sorprendiéndonos con los precios, que bien podrían corresponder a los de ropa que compraríamos para nosotras.

“Y todo para que lo dejen al cabo de unos meses”, comentó mi hermana. “¿Y si mejor le compramos algún juguete?” Yo siempre había pensado justo eso, que la ropa fina y costosa para bebé era un gasto hasta cierto punto banal, pues a lo mucho les serviría para el primer año de su vida y luego se guardaría como recuerdo, o en el mejor de los casos, sería heredada por el hermano menor.

Iba a mencionar eso, cuando la encargada de la tienda, quien seguramente se percató de nuestra torpeza e indecisión, se acercó a nosotras, con el clásico y amable “¿Les puedo ayudar en algo?” Para no ser descorteces y abandonar la tienda sin más, después de que ya habíamos pasado un buen rato mirando, le dijimos que buscábamos un regalo para un baby shower, pero no sabíamos qué era conveniente comprar para un recién nacido, o si sería mejor obsequiar algo para cuando el bebé creciera un poco.

La empleada nos dio una explicación tan detallada de lo que se debe considerar para elegir la ropa del bebé según la edad, que no sólo terminamos por adquirir una muy linda y costosa chambrita, sino que también me inspiré para compartirles la experiencia en mi blog.

La ropa para bebés debe reunir tres cualidades básicas, ser suave al tacto, resistente y de fibras hipoalergénicas. Suave, porque la piel del bebé, y en especial la del recién nacido, es sumamente delicada y cualquier roce puede irritarla; resistente porque las prendas deberán lavarse constantemente y cuando los bebés empiecen a gatear o caminar, le darán aún más “batalla”; e hipoalergénica, para no causar salpullidos.

Las fibras naturales, como el algodón, reúnen todas estas características y además aportan frescura, porque facilitan la transpiración, sin dejar de ser abrigadoras cuando es necesario.

En cuanto al tipo de ropa que conviene elegir según la edad, lo más importante es asegurar que las prendas sean a la medida del bebé; es decir, que no le queden grandes y tampoco le aprieten. Lo primero debe evitarse, porque una prenda demasiado grande puede acalorar al bebé o hasta llegar a sofocarlo. Si está muy apretada, puede restringir sus movimientos e incluso lastimarlo.

De ahí que hasta para los recién nacidos la ropa deba elegirse a la medida. Sí, es lamentable que esas prendas se usen tan pocas veces, pero se puede pensar en guardarlas para cuando llegue otro bebé a la familia, o bien, donarlas a quienes las necesiten.

Para el momento en que los bebés comienzan a ser más activos y hacen sus primeros intentos por gatear, caminar y dominar sus movimientos, se debe buscar ropa resistente, que proteja sus miembros, en especial codos y rodillas, y que al mismo tiempo les dé facilidad de movimiento.

Es un gran error cubrir al bebé con capas y capas de ropa. Lo mejor es elegir prendas adecuadas al clima y ponerles justo lo necesario.

Por último, hay que tener en cuenta los materiales que se deben evitar. En general, los tejidos sintéticos son poco adecuados para la ropa de bebé. Materiales como la licra se pegan al cuerpo e intensifican la sudoración, pero no son transpirables, así que fácilmente pueden irritar la delicada piel del bebé e incluso provocarle alergias.

Después de toda esa orientación, nos quedamos con la idea de que cada edad necesita sus cuidados y atenciones, y que debemos brindarlos en la medida de nuestras posibilidades. Finalmente, la ropa también es una de las formas en que decimos a nuestros bebés cuánto los queremos.