¿A quién afectamos realmente?

Esta mañana, mientras buscaba información acerca de un cliente en internet, mediante la frase “stadium seats for sale” (venta de sillas para estadio), me puse a pensar en un tema que ha generado diversos comentarios y opiniones en estos días; la propuesta de boicotear a compañías estadounidenses como Starbucks, McDonald’s o WalMart, como una forma de protesta por las políticas anti-inmigrantes de Donald Trump.

Antes de profundizar un poco en este polémico tema, les diré que la razón por la que hacía esa búsqueda en inglés es porque si bien la compañía de mi cliente es mexicana, se encuentra en una etapa de expansión hacia mercados internacionales. Algunos de los países que ahora tiene en la mira son Estados Unidos, Canadá, Brasil y Reino Unido. Como notarán, en la mayoría de los casos el inglés es la lengua materna y aunque en el caso de Brasil, el portugués es una lengua muy cercana al español, tanto mi cliente como sus compradores potenciales prefieren que las negociaciones y los trámites oficiales se lleven a cabo en inglés.

Esa situación particular me hizo pensar que pocos negocios prosperarían en la actualidad, si no tuvieran el proyecto de crecer y expandirse más allá de las fronteras. Salvo que realmente se trate de un negocio demasiado localizado, como un servicio de comidas a domicilio que atienda a cierta zona de oficinas, eventualmente y en la medida en que el mercado regional se sature, hay que pensar en llegar a más clientes. Incluso el pequeño negocio que puse como ejemplo podría tener la necesidad de abarcar más zonas y pensaría en estrategias como alquilar una pequeña flota de vehículos para cubrir un área mayor con su servicio a domicilio.

En un mercado en el que trascender el ámbito regional es cada vez más necesario para sobrevivir, los muros y las restricciones realmente salen sobrando y lo que se vuelve imperativo es buscar regulaciones que favorezcan a todas las partes.

Ahora bien, cuando una gran compañía trasciende fronteras y comienza a desarrollarse satisfactoriamente en otros países, muchas veces tiene la necesidad de asociarse o fusionarse con compañías locales, para tener una mayor presencia o integrarse más fácilmente en el nuevo mercado. Cuando algo así sucede, ya no hablamos de una empresa extranjera con presencia en otro país, sino de una empresa en la que ambas naciones tienen un grado de participación.

Es aquí donde, en mi opinión, es pertinente la pregunta de a quién afectamos realmente. La situación no sólo implica que la compañía multinacional o trasnacional tenga participación de empresarios y accionistas del país o que incluso estos sean propietarios de la franquicia nacional; mexicana, en este caso. El mayor problema es que los empleados de esas compañías trasnacionales o multinacionales son ciudadanos de los países en los que las empresas tienen presencia, mismos que de no ser por esas compañías, tal vez no tendrían una forma de subsistir.

empleada

Para citar un caso concreto, hace unos días el presidente de Starbucks México declaró que los ingresos de la franquicia nacional se quedan en el país y que la compañía da empleo a 7,000 mexicanos. Si esto es cierto, un boicot a esta empresa, que pudiera conducir a una eventual quiebra, dejaría sin empleo a 7,000 connacionales, sin representar perjuicio alguno a la empresa estadounidense.

Tal vez la mejor forma de hacer frente a políticas intolerantes y nacionalismos extremos todavía está por definirse. Pagar con la misma moneda no parece una solución óptima.

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