Ideas para disfrutar del frío

Desde pequeña me he sentido la “rara” de la familia por varios motivos. Como buenos costeños, mis papás, mis hermanos y mis primos adoran el mar y son excelentes nadadores. A mí me fascina la fuerza y la inmensidad de las olas y me gusta caminar por la playa en las tardes más frescas; pero nadar en el mar, ¡jamás! Apenas si me defiendo en las albercas de mediana profundidad, pero no es que disfrute mucho de tal ejercicio; creo que el agua es una fuerza para contemplar y admirar a distancia y con sumo respeto.

La mayoría de los miembros de mi familia, al igual que nuestros amigos y vecinos, tienen una gran tolerancia al calor y de hecho lo disfrutan, pues a ello están acostumbrados. Yo siempre lo he padecido, así como al sol intenso. La única temporada en la que realmente disfrutaba del clima en nuestro pueblo costero era la de lluvias, por la frescura que éstas traían al ambiente.

Otra de mis rarezas, por tanto, es que adoro el frío. He tenido la oportunidad de pasar inviernos en países donde realmente se siente la intensidad de esta estación, como Canadá o Suiza, y creo que nunca me he sentido más en mi elemento. El frío me resulta vigorizante; durante el día me invita a salir de casa, pasear y estar activa, y por la noche me anima para hacer los quehaceres o a sentarme a leer en compañía de un buen café.

Sin embargo, he de admitir que sentir un frío constante, sobre todo al estar en casa, no es nada agradable. Estar en la sala o la recámara y sentir que se cuela una corriente de aire es algo que puede acabar con el relax, el descanso y el buen humor, por no hablar de la salud. Algo así viví cuando llegué al departamento en el que ahora vivo. Además de que es una construcción de techos altos, que rece la luz solar durante muy pocas horas, a mi llegada sólo tenía los acabados más elementales y contaba con unos cuantos muebles. Todo esto contribuía a que el calor de hogar se escapara por todas las rendijas de las ventanas y puertas.

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Poco a poco logré ambientar el espacio, darle un estilo y conservar su calidez. Uno de los proyectos más importantes y que más ayudaron a que el espacio resultara mucho menos frío fue la instalación de pisos de madera. Este material, como todo lo que se extrae de la naturaleza, es verdaderamente noble y además de que engalana cualquier lugar, también lo hace más cálido.

Fue algo costoso, sí, y para que los pisos luzcan tan bellos y relucientes como el primer día, es necesario implementar cuidados y técnicas de mantenimiento especiales. Pero si se tienen los recursos y el tiempo para brindar los cuidados necesarios, es una inversión que bien vale la pena.

Ahora bien, antes de contar con todo lo necesario para colocar mis pisos de madera, implementé otras estrategias más económicas y sencillas para conservar el calor:

  • Cortinas dobles; delgadas, para dejar que entre toda la luz natural posible durante el día, y gruesas, para oscurecer las habitaciones adecuadamente durante la noche (sobre todo la recámara) y crear una barrera contra el frío.
  • Cojines guardapolvo; se colocan para cubrir las rendijas que quedan en las partes bajas de puertas y ventanas.
  • Tapetes; ideales para conservar el calor del piso donde más se necesita, como en recámaras y salas.
  • Muebles que se apoyen en las paredes, como libreros o alacenas; además de que son indispensables para organizar nuestras cosas, crean una especie de segunda pared que ayuda a conservar el calor y además puede amortiguar los ruidos.

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