Viajar y regalar sueños

Desde que tengo uso de razón, actividades como revisar folletos e itinerarios de viaje, preparar una maleta y despertar de madrugada para salir rumbo al aeropuerto o la terminal de autobuses me han llenado de una dicha muy particular.

La razón es que tareas como éstas constituyen los preparativos para un viaje y el hacerlas comienza a transmitirme la emoción por la aventura, pequeña o grande, que estoy a punto de emprender.

A lo largo de mi vida he viajado por muchas razones; vacaciones familiares, estudios, trabajo, interés por conocer lugares nuevos. Los preparativos han variado en algunos casos, pero lo que no cambia es el sentimiento de alegría. Incluso cuando las actividades que llevaré a cabo en el viaje no son las que más me entusiasman, el sólo hecho de subir al avión o al autobús y llegar a un nuevo entorno basta para darme un buen momento.

Los viajes son fuente de aprendizajes, experiencias de vida y todo tipo de emociones. En el transcurso de los mismos conocemos amigos, intercambiamos ideas, descubrimos otras formas de ver el mundo y admiramos manifestaciones de la naturaleza que nos resultan completamente nuevas y sorprendentes. Por estas y otras muchas razones, viajar debería ser una parte fundamental de la vida.

Desafortunadamente, no es así para todos. Las personas que apenas si consiguen satisfacer sus necesidades básicas o que ni siquiera llegan a cubrirlas, difícilmente podrían pensar en los viajes como algo que es fundamental en su existencia y que les permite realizarse. Muchos tal vez lo vean como un sueño de carácter irrealizable o, peor aún, tal vez ni siquiera puedan plantearse la posibilidad.

También están las situaciones extremas, como las que se viven durante una enfermedad grave, un conflicto familiar o una catástrofe natural o social. En estos casos, la idea de viajar por placer queda por completo anulada o fuera del horizonte de posibilidades, pues todo lo que ocupa la mente es la búsqueda de soluciones para el problema.

Dado que viajar es una experiencia que suele considerarse como de asueto o lujo, emprender iniciativas para favorecer a las personas que no pueden vivirla parecería una empresa un poco vana. Sí, desde hace mucho existen concursos y programas que otorgan viajes como premios o “cumplen sueños”, entre los cuales siempre ha estado el de viajar. Pero hasta el día de hoy no me había enterado de un proyecto que considerase a los viajes como algo capaz de mejorar la vida de las personas y por tanto, digno de apoyarse.

Digo hasta el día de hoy, porque mientras consultaba páginas de agencias de viajes para reservar un vuelo de Interjet, descubrí el proyecto de srmandela.com. Esta web es un portal de viajes como muchos de los que conocemos, en los que se pueden buscar y reservar vuelos, hoteles y paquetes. La gran diferencia es que srmandela.com dona el 20% de sus ganancias, para que niños en situación de calle, que han sufrido violencia o desplazamientos, o que padecen enfermedades terminales, puedan hacer un viaje con el que hayan soñado o uno que, precisamente, los anime a soñar.

En México, srmandela.com ha colaborado con Amor Infinito, una organización sin fines de lucro que cumple sueños de niños con enfermedades terminales. La idea es que también se pueda beneficiar a niños rescatados de diversos tipos de conflictos, como violencia doméstica, adicciones o guerras, para que la experiencia de viajar les demuestre que aún quedan muchas cosas por descubrir.

La vida de los objetos